Tienen
su origen en ritos ancestrales de la fertilidad, una fiesta pagana para celebrar
la llegada de la primavera, la vuelta a la vida de la naturaleza, los romanos
celebraban fiestas en honor a MAYA hija de FAUNO y VULCANO, representantes
de la fertilidad, la muerte, el fuego y el poder, seguramente al hacerlo asimilan
las tradiciones de otros pueblos adaptándolas a sus creencias mitológicas,
la celebración del renacer de la vida con la llegada del buen tiempo
tiene connotaciones mágico-religiosas, los campesinos pretendían
propiciar el crecimiento de las cosechas y de los ganados alejando de ellos
el mal.
El símbolo de la naturaleza por excelencia es el ARBOL y como tal posee
un papel relevante en estas celebraciones, colgándosele en alguna ocasión
un muñeco de paja o PELELE que simboliza el invierno y que es quemado
o ahorcado para dejar paso al buen tiempo. Simbolizando así la muerte
del invierno y la llegada de la primavera.
La evolución histórica de los mayos en Jiménez de Jamuz
se han centrado en el muñeco en cuestión, el cual se ha ido
perfeccionando posiblemente por la competencia entre los vecinos para ver
que barrio lo realizaba con mayor maestría llegando a ser autenticas
obras de arte que representan a personajes del propio pueblo, o a oficios
tradicionales, a los cuales se quiere dar un homenaje. Así se produce
un salto cualitativo pasando el muñeco de tener un papel secundario,
de simbolizar al invierno, al mal, al frío, a la muerte de la naturaleza,
al que se debe ajusticiar para propiciar el desarrollo de las cosechas y la
llegada de la primavera representada por el árbol, a tener un papel
principal en la fiesta, el de obra de arte realizada con esmero para demostrar
cariño y admiración hacia algún personaje, u oficio que
forma parte de la vida de este singular pueblo.